sábado, 11 de abril de 2009

La webcam del viernes

Denle las gracias a mi esposo que me insistió toda la semana para que lo subiera al blog. Espero que les guste

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De vacaciones en bariloche




Hola amigos. Nunca imaginamos con Marcela que tanto los relatos como la web iban a tener tanta repercusión. Estamos recibiendo a razón de 15 correos diarios, algunos felicitando a mi señora por su cola y muchos de ellos con propuestas tan excitantes que al leerlos Marcela no puede dejar de masturbarse. Perdón si no contestamos todos, pero no dejen de escribirnos que como ven la ponen a mi esposa a full.

Lo que les relataré hoy sucedió hace unos meses cuando con Marcela decidimos tomar unas vacaciones en Bariloche, que para los que no lo conocen les cuento que es un centro de ski maravilloso.

Como no tenía más que una semana de vacaciones, contratamos un paquete con avión y hotel incluido que ofrecían en una revista.

Recién cuando llegamos al hotel nos dimos cuenta por el barullo que había que nos hospedaríamos en el mismo lugar donde estaban alojados un montón de chicos de 17 años pertenecientes a un colegio de Mendoza que estaban de viaje de egresados.

Adiós a la tranquilidad pensé, pero como ya no había remedio, solicitamos la habitación y un botones nos acompañó a ella.

Estaba ubicada en la segunda planta y a medida que nos acercábamos a ella veíamos adolescentes por todos lados ya que casi todo el piso estaba ocupado por ellos.

Hable con la administración para que nos cambiaran la habitación pero como respuesta recibí lo que me esperaba: “señor lo siento pero el hotel está todo completo”

Estábamos exhaustos por el viaje así, que nos pegamos un baño y nos fuimos a descansar un rato. A la hora y media nos cambiamos y llamamos al ascensor para bajar al restaurante del hotel a cenar algo.

Cuando subimos al elevador este estaba ocupado por dos estudiantes que nos saludaron amablemente. Quedamos ubicados delante de ellos dándoles la espalda. De repente oigo que se sonreían, por lo que me di vuelta y vi que los dos estaban baboseándose con la cola de mi señora. No era para menos, Marcela llevaba puesto un pantalón beige de tela de algodón súper ajustado que dejaba ver la marca de la diminuta tanga que tenía. Yo creí que cuando vieran que yo me daba vuelta ellos cambiarían de actitud, pero no fue así, los maleducados siguieron mirándole el culo como si yo no estuviera.



- ¿Pasa algo?, les pregunte.



- No señor, nada, me respondió uno.



- Perdone que la miremos a su esposa, lo que pasa que es hermosa, dijo el otro sin quitarle los ojos de encima a Marcela.



Yo iba a responder cuando Marcela me apretó la mano dio vuelta la cara y les agradeció con una sonrisa.



Llegamos a planta baja y bajamos nosotros y los chicos atrás. Note que mientras caminábamos hacia el restaurante mi señora había parado un poca la cola y la meneaba con sensualidad.

Por supuesto como era de esperar, los estudiantes nos siguieron hasta el comedor regocijándose con el espectáculo que les estaba dando Marcela.



- ¿Perdón señor, llegaron hoy?, me preguntó el que era mas alto, que se había acercado y ya caminaba a mi lado.



- Si, le respondí



- ¿Ustedes dos vinieron solos?, pregunto Marcela.



- No señora, estamos con otros veinte compañeros, contesto el otro que ya estaba al lado de mi mujer.



- ¿Y como la están pasando?, preguntó ella



- Y más o menos, hace cuatro días que llegamos y estamos un poco aburridos.



- ¿Porque aburridos?, pregunté yo.



- Lo que pasa que en el hotel no hay chicas y a la noche no tenemos para divertirnos, contesto el que estaba a mi lado y parecía el mas extrovertido.



- Me imagino, comentó Marcela riéndose, veinte dos adolescentes sin ninguna mujer.



- ¿En serio se lo imagina señora?, le preguntó el que tenía al lado mió, mirándola de arriba abajo.



Marcela lo miro y no dijo nada. El pendejo se estaba pasando, así que los saludé y entramos al restaurante.



- Que pendejo zarpado, le comenté a Marcela, ya sentados en una mesa.



- Lo que pasa que a esa edad y solos deben estar recalientes, me contestó,



- Y vos encima que les paras la cola, los pones peor.



Ella no me contesto, pero yo sabía que la situación la excitaba.



- Por lo menos estos dos esta noche se van a hacer dos pajas cada uno pensando en tu culito, continué, sabiendo que eso la iba a poner a mil.



- Uffffffff, fue todo lo que dijo.



Yo cambie de tema para que ella se calmara, pero debo reconocer que también me había calentado.

La cena transcurrió tratando ambos de no tocar el tema de lo que había pasado minutos antes. Luego de comer nos quedamos a disfrutar un show de música que ofrecía el restaurante y a eso de la s 2 de la mañana decidimos regresar a nuestra habitación.

Traspasamos el lobby, que ya estaba sin gente, y tomamos el ascensor. Al llegar a la segunda planta había alrededor de seis estudiantes sentados en el pasillo, entre los que se encontraban los chicos que habíamos estado hablando. Al vernos se hizo un total silencio. Marcela automáticamente paró la cola y caminó adelante mió pasando delante de todos ellos, que le miraban el culo desde abajo como embobados.



- Buenas noches señora, le dijo el que se había zarpado antes.



- Buenas noches, le contestó Marcela.



- ¿Ya se van a dormir?, pregunto dirigiéndose a mí.



- Si, y ustedes deberían hacer lo mismo, les dije.



- Lo que pasa que no tenemos sueño, dijo otro que se tocaba disimuladamente por arriba del pantalón mientras miraba a mi señora que me esperaba parada en la puerta de la habitación.



- ¿Señora, no quieren jugar a las cartas con nosotros?, dijo otro.



- No gracias y les pido que no hagan ruido, dije yo.



- Dale amor, juguemos un ratito con los chicos que yo tampoco tengo sueño, me pidió Marcela mordiéndose el labio inferior.



Yo estaba seguro que eso estaba mal, pero estaba tan excitado de ver a los pendejos tan calientes con mi señora que acepte la invitación.

Pasamos todos a nuestra habitación y todos enseguida se sentaron en la cama.



- Venga acá señora, le dijo uno de ellos, haciéndole lugar a su lado.



Ella, se saco el abrigo que tenía, se sentó al lado del chico, apoyando su cabeza en el respaldo y con sus piernas estiradas sobre la cama.

Yo, que todavía estaba de pie, disfrutaba viendo a mi esposa en la cama rodeada de pendejos recalientes. Por la posición que tenía, el pantalón le marcaba los labios de su conchita, cosa que no paso desapercibido para ellos, que miraban como fascinados lo abierta que estaba. Ella, a darse cuenta de la reacción que había provocado, empezó a mostrar signos de calentura en su cara.



- Ven mi amor, sentate acá, me pidió, tratando de flexionar las piernas, intento que le resulto imposible por lo ajustado del pantalón.



- ¿Porque no se pone más cómoda señora?, dijo el que estaba a su lado.



- Es que no hay lugar, contesto ella.



- No, le digo que se ponga mas cómoda, que se saque el pantalón, dijo el muy caradura.



Todos rieron y me miraron. Yo no dije nada, solo mire a Marcela, que parecía por su expresión que estaba esperando que alguien lo pidiera.



- Digo, cámbieselo por algo más cómodo, continuó el pendejo.



- ¿Mi amor, a vos no te molesta que los chicos me vean con algo de entrecasa?, me pregunto ella.



- No, está bien, le conteste.



Aunque sabía a que llamaba Marcela “de entrecasa” ya había comprendido que no podía parar lo que venía, no solamente por lo excitada que ella estaba, sino porque, con solo imaginármela mostrándose delante de estos adolescentes me hacía hervir la sangre.

Nadie le saco los ojos de encima mientras Marcela se dirigió al baño, después de sacar algo del armario.

Mientras ella se cambiaba, en la habitación todos murmuraban y se miraban con cara de ansiedad esperando volver a ver a mi mujer.

Pasaron unos minutos hasta que la puerta de baño se abrió y apareció Marcela.

Se hizo un total silencio y no era para menos. Mi señora salió del baño vestida solamente con una remerita blanca que le llegaba a la mitad de sus muslos, dejando ver parte de su fabulosa cola.



- Ahora si estoy más cómoda, dijo, mientras dándoles la espalda a los chicos acomodaba la ropa que se había sacado en una silla que había en el otro extremo de la habitación.



Los seis pendejos estaban mudos. Tenían clavada la mirada en el culo de Marcela, que haciéndose la disimulada, se los mostraba con gusto.

Yo no podía más. Ver esa escena me había producido una erección que ya no podía disimular.



- Mi amor los muchachos te están viendo la cola, le dije



- Ay si, lo que pasa que esta remera es cortita, me respondió mientras se la estiraba para abajo tratando de taparse un poco mas.



- Pero igual no te preocupes mi amor que abajo tengo una bombachita, prosiguió, mientras regresaba a sentarse en la cama.



- Y a ustedes chicos, ¿no les da vergüenza mirarme la cola delante de mi marido?, preguntó, mientras se sentaba al lado de ellos.



Todos me miraron. El quedarme callado fue aprovechado por uno de los muchachos que me preguntó descaradamente:



- Señor, ¿a usted le molesta que le miremos la cola a su señora?



- No, si a ella no le molesta, respondí sin pensar.



La situación, como tantas otras veces, me había superado y había perdido nuevamente la cordura a manos de la excitación.

Se notaba en sus caras de sorprendidos que no podían creer lo que escuchaban.



- ¿Les gusta mi colita?, pregunto Marcela.



- Es que no la vimos bien, respondió uno.



- Parece muy linda. ¿Nos la deja ver un poco mas?, pregunto otro.



Mi señora se levanto y fue derecho a la silla donde había dejado la ropa. Apoyo sus manos en el respaldo y saco la cola para afuera, lo que hizo que la remera se levantara y dejara al descubierto la mitad de su culo y la punta de la tanga blanca que llevaba puesta.



- ¿Ahora la ven mejor?, pregunto, dando vuelta la cara y mirándolos con terrible cara de puta.



Yo no aguante más. Me senté en una silla, me bajé los pantalones, y comencé a masturbarme. Al ver esto los pendejos hicieron lo mismo y en un segundo los seis se estaban pajeando a un ritmo frenético.



- Mi amor, mira como se pajean con tu cola, mostrales un poco más, le pedí, fuera de si.



Marcela se sacó la remera por lo que quedo ante los pendejos solo con la tanguita. Esto fue demasiado para cuatro de ellos que no aguantaron mas y acabaron dejando semen por todos lados.

Mi señora se puso de rodillas en el piso, paró bien la cola, y los miraba mientras se tocaba la conchita. Se notaba por su cara que estaba que explotaba de la calentura. No era para menos, tenía a seis desconocidos pajeandose a metros de ella, mientras hacia lo que mas le gustaba, mostrar su culito.

Yo miraba toda la escena sin perderme detalle. Ver como la deseaban con desesperación a mi esposa siempre me había excitado, pero ese día estaba como loco. Supongo que esta vez, por ser chicos, podía dominar la situación, lo que aproveche para seguir volviéndolos locos.



- ¿Que tal mi señora, les gusta?, les pregunte con una sonrisa.



- Si señor esta muy buena, dijo uno que ya iba por su segunda paja.



- Mi amor, ya que los chicos se están portando bien, ¿no querés mostrarles el hoyito?



Ella no dijo nada, solo miro a los pendejos como se masturbaban, tomó un extremo de la tanga y lo corrió hacia un lado dejando desnudita su fabulosa cola y su vagina depilada. Apoyo la cara en el piso y comenzó a meterse el dedo en el hoyito.



- ¿Vieron que colita abierta tiene mi señora?, les pregunte. A ella le encanta que se la coman, no mi amor.



Eso fue demasiado para Marcela que pego un grito que no pudo disimular, señal que había tenido flor de orgasmo.

Con terrible espectáculo todos los pibes casi al mismo tiempo volvieron a acabar.

Todavía se escuchaban jadeos, cuando tocaron a la puerta.

Marcela pego un salto y se metió en el baño, yo me subí los pantalones como pude, mientras ordenaba en vos baja que los chicos hicieran lo mismo.

Cuando estábamos todos vestidos, abrí la puerta.



- Perdone la molestia señor, me llamo Carlos, soy el coordinador de una compañía de viajes y estoy buscando unos estudiantes que no se donde se metieron, ¿por casualidad los ha visto?, me preguntó.



- Si, están acá, estábamos jugando a las cartas, dije mientras abrí más la puerta y los llame.



Cuando salieron todos, el coordinador los reprendió y me pidió perdón por si me habían molestado, cosa que negué haciéndole saber que mi señora y yo los habíamos invitado.

Nos despedimos y regrese a mi habitación.



- Mi amor, podes salir, ya se fueron.



Marcela salió del baño. Estaba totalmente desnuda y con cara de bronca. Se tiro en la cama y yo a su lado.



- Que lástima que este tipo vino a buscar a los chicos no, le comente. Se veía que la estabas pasando bien, continué, sonriendo.



- ¿Porque vos no, no?, me pregunto con ironía, mientras me acariciaba la entrepierna.



- Los volviste locos a los pendejos. Estaban desesperados con esta cola. Si los hubiera dejado te la destrozaban a pijazos. Le comenté, mientras le metía un dedo en el culo.



- ¿Eso te hubiese gustado?, le pregunte



- Ufffffffffff, fue toda su respuesta y sin perder tiempo me abrió el cierre del pantalón y comenzó a chuparme el pene.

Estábamos en lo mejor, cuando nuevamente tocaron a la puerta.



- Un momento, respondí, mientras Marcela se metía nuevamente en el baño y yo me acomodaba el pantalón.



- Perdone que lo moleste de nuevo señor.



Era nuevamente el coordinador, pero esta vez estaba acompañado de dos personas de aproximadamente 45 años que se presentaron como de seguridad del hotel.



- ¿En que les puedo servir?, les pregunté.



- Mire señor, lo que pasa es que escuche que los estudiantes que estuvieron con usted hace un rato le contaban a sus compañeros lo que había pasado en su habitación, por eso como responsables de los chicos que son menores de edad tuve que avisar a seguridad.



- No se de que me habla, le respondí, tratando de disimular lo nervioso que estaba.



- ¿Su señora esta con usted?, me preguntó uno de seguridad.



- Si, le conteste.



- ¿Nos permite entrar para que hablemos?, pregunto el otro.



- Si, por supuesto. Prefería eso antes que en el pasillo alguien escuchara.

- Bueno yo me retiro dijo el coordinador dirigiéndose a mi, arregle con ellos.



- Llame a su señora por favor, casi me ordeno el más corpulento apenas habíamos entrado en la habitación.



- Amor, podes venir, por favor.



Marcela salió del baño vestida con una salida de baño de toalla.



- Buenas noches señora, la saludaron.



- Buena noches, respondió ella con cara de asustada, lo que me hizo suponer que ya había escuchado porque venían.



- Usted sabe porque estamos acá. Exhibir a su señora desnuda delante de menores de edad es un delito, dijo uno de los de seguridad.



Marcela me miró con cara de terror.



- Mi señora en ningún momento estuvo desnuda, solo vestía de entrecasa, dije yo tratando de justificar lo injustificable.



- Es verdad dijo ella, estaba con una remera.



- Si no le molesta, ¿puede mostrarnos como vestía delante de los chicos?, preguntó el otro.



Le hice un gesto de aprobación y Marcela se saco la salida de baño quedando solo vestida con la misma remera que había usado hacia un rato.

Los tipos la miraban de arriba abajo. La cara de susto que tenía Marcela empezó a transformarse en cara de deseo.



- Ven que no se ve nada, dije yo



- De la vuelta por favor señora y camine hacia allá, pidió uno.



- ¿Me dejas amor?, me preguntó.



Me di cuenta que le duraba la calentura y que la situación la había empezado a excitar. Y lo que es peor a mí también.



- Si, mostrales, le conteste.



Nos dio la espalda y empezó a caminar hacia la silla. La mitad de su cola volvió a sobresalir por debajo de la remera.

Los tipos le clavaron la mirada en su precioso culo.

Cuando llego a la silla, se apoyo en el respaldo y paro muy sutilmente la cola y se quedo en esa posición.



- ¿Ahora que me dice?, me dijo uno de ellos.



- No se le ve casi nada, le conteste yo, que no sabía como mantenerme en pie por la erección que ya tenía.



Los tipos me miraban sorprendidos.



- Con razón los pendejos estaban recalientes, su mujer tiene un culo bárbaro, comentó uno.



- Y parece que le gusta mostrarlo, dijo el otro, mientras ambos reían.



Mientras tanto Marcela seguía en la misma posición, pero cada vez sacaba la cola mas afuera.



- ¿Así que su marido la deja andar mostrando el culo?, le pregunto el mas grandote, mientras se tocaba la entrepierna sin disimulo por arriba del pantalón.



Marcela no decía nada, solo meneaba muy despacio la cola.



- Ya que no le molesta, usted siéntese ahí, me ordeno mostrándome una silla alejada. Y usted señora porque no nos muestra la bombacha, como nos contaron los pendejos, que hizo con ellos, continuó.



- No puedo señor.



- Si que puede, si a usted le gusta y a su esposo no le molesta, ¿no es cierto?, me preguntó.



- No, está bien, dije yo casi inaudible por la calentura que tenía.



- Es que no tengo ninguna bombachita puesta, dijo Marcela mirándolos con carita inocente y levantándose la remera, dejando a la vista toda la cola.



No puedo explicarles como se pusieron los tipos. Se empezaron a desvestir hasta quedar completamente desnudos. Yo aproveche para bajarme los pantalones y hacerme una buena paja esperando ver nuevamente como le iban a romper el culo a mi señora.

Uno fue hasta donde estaba y le acaricio el culo metiéndole el dedo mayor en la conchita.



- Que mojadita esta su señora, parece que quedo caliente con los pendejos, me dijo, mientras se agachaba y metía la lengua entre los cachetes de la cola de Marcela.



El otro fue por delante y le encajo un terrible beso de lengua, mientras le sacaba la remera. Le empezó a comer los pechos desesperadamente, mientras le sobaba la concha.

Marcela solo gemía. El que estaba detrás la agarró de un brazo y la llevo hasta la cama, la hizo poner en cuatro y volvió a ponerle la lengua en el culo. El otro le refregaba la pija por la cara hasta que ella la atrapo y la empezó a chupar descontroladamente.

Estuvieron un rato así: Marcela había tenido como tres orgasmos y yo había acabado una vez, pero la escena era tan caliente que ya la tenía parada de nuevo.



- Señor, ¿me deja romperle el culo a su señora?, me pregunto mientras todos, incluyendo mi señora, rieron.



Sin esperar respuesta, lo corrió al compañero, se puso detrás de ella, le hizo abrir las piernas, apoyar la cara en la almohada y le metió dos dedos en el culo, que debido a la saliva del otro, entraron como si nada.

Marcela movía el culo como queriendo que le entraran mas adentro. El se dio cuenta y le puso tres dedos a lo que Marcela pego un gritito de placer.



- Mire como le gusta a su señora que le abran el culo, me dijo.



- Hoy le vamos a destrozar este precioso culo, dijo el otro.



- ¿Alguna vez se comió dos pijas juntas por el culo?



- No, dije yo, la van a lastimar.



- Con tremendo culo, déjese de joder señor, me ridiculizó..



- ¿Usted quiere que intentemos haber si entran señora?



- ¿No me va a doler?



- No, si le duele paramos.



Ya Marcela no dijo nada, solo se dejaba llevar. Uno se acostó boca arriba y se puso a mi señora arriba. Le pidió a ella que se insertara su pene el la cola. Marcela obedeció enseguida y se sentó arriba de su pija clavándosela hasta el fondo.

Ella cabalgaba enloquecida mientras le chupaba el pene al otro.



- Eso póngalo bien duro señora que también lo va a tener adentro, le decía este.



Estas palabras hacían que mi señora cada vez estuviera mas caliente. Mientras tanto yo ya iba por la tercera paja y hacía fuerza para no acabar porque quería reservármelo para el espectáculo de ver a mi señora con dos pijas en el culo.

El tipo saco su trozo de carne de la boca de mi esposa y se puso detrás de ella. Apunto hacia su agujero ocupado por la otra pija y comenzó a empujar.

Marcela, que se había quedado quieta, empezó a moverse nuevamente al ritmo y pegaba gritos mezclados de dolor y placer.



- ¿La saco señora?, pregunto el de atrás.



- No, por favor no, gritó mi esposa.



- Ya me parecía, dijo riendo.



- Yo me acerque porque no podía creerlo. Se estaba comiendo dos terribles pijas juntas por atrás y le encantaba.



- Vaya y déle un beso a su señora que se esta portando muy bien, me dijo el que estaba al lado mió mientras le daba sin parar.



Yo me acerque y le bese la boca, a lo que ella respondió metiéndome toda la lengua.



- Ahora señora pídale permiso a su marido para que nos deje acabarle dentro del culo.



- Amor, ¿me dejas que me llenen la colita de leche?, me pregunto entre gemidos.



Escuchar eso hizo que los tipos comenzaran a acabar y se notaba por los espasmos de los dos que le estaban llenando de semen el culo. Yo tampoco pude más y acabe en la espalda de Marcela.

Los tipos se levantaron y le dieron un beso, dejándola a mi señora chorreando cataratas de leche por el culo.



- Si a su señora le gusta mostrar la cola, la próxima vez que lo haga con adultos o podrán tener serios problemas, nos aconsejaron mientras se iban.



Yo sabia que a partir de ese momento a mi esposa una sola por el culo no le iba a alcanzar.

Yo y los médicos




Hola a todos. La verdad es que estaba decidido a no escribir mas sobre las aventuras de mi novia, no es que no hayan pasado cosas en este último tiempo, al contrario, sino que ya me da vergüenza contarles que Marcela tenga cada vez mas ganas de mostrarles la cola a desconocidos, sea donde sea y en cualquier situación. A través de muchos mail que me llegaron se referían a mi señora como una gran puta. Estoy en desacuerdo con eso. Marcela tiene un vicio, como fumar o apostar. A ella la excita terriblemente que los hombres le miren la colita. Todo lo que pasa después es debido a su gran calentura, así que no es para juzgarla.

También he recibido correos muy agradables pidiéndome por favor que siga relatándoles historias vividas, así que en agradecimiento a todos ellos decidí contarles una de las últimas que nos ha pasado.



Hace una semana llegue a mi casa de la oficina con un gran malestar estomacal. Tenía un gran dolor en la boca del estomago, por lo que enseguida me metí en la cama y le pedí a Marcela que llamara al médico de nuestra obra social. Ella muy preocupada lo hizo y les pidió que vinieran lo mas pronto posible, luego se acostó a mi lado y comenzó a masajearme suavemente el estomago.

Estuvo así un rato hasta que empecé a sentir que el dolor se calmaba. No solamente ello, con sus caricias que llegaban casi a tocar mi pene, me empecé a excitar. Marcela al ver como se me ponía dura la pija, la tomo con una mano y comenzó a pajearme lentamente.



- ¿Parece que ya no te duele mucho ?, me preguntó sonriendo.



- No la verdad que tus masajes me hicieron bien, le respondí.



- Ya veo, dijo mientras me masturbaba con mas rapidez ya mi completamente parado pene.



- Sabes que hoy en el metro un viejo atorrante estuvo todo el viaje tocándome la colita, prosiguió, sabiendo que cuando me contaba esas cosas me ponía a mil.



- ¿Y a vos te gustó ?, le pregunté, ya sabiendo la respuesta..



- Vos sabes como me pone ver que se calientan con mi cola, estuve todo el día excitada, me contestó, mientras llevaba una mano a la entrepierna.



- ¿Te hubiera gustado entregarle el culo al viejo ?



- Uyyyy si, me hubiese encantado, me respondió mientras se ponía en cuatro apuntando su culo hacia mi ,se levantó la pollerita, corrió la tanga y se metió un dedo en la cola.



Yo empecé a pajearme mientras ella con una mano se masturbaba y con la otra metía y sacaba un dedo de su hermoso culo.



De pronto sonó el timbre de la puerta de casa.



- El medico, dije yo.



Marcela estaba que explotaba, ni me escuchó, seguía mete y saca y gimiendo.



- Marcela, el medico, le repetí mas fuerte.



Ahí se dio cuenta y como pudo se arregló la ropa y fue a abrir la puerta. Yo mientras tanto acomodé un poco la cama y trate de bajar mi calentura pensando en otra cosa.

Unos segundos después escuche voces que se iban acercando a la habitación y luego de entrar mi señora entraron 2 médicos con sus habituales ambos blancos. Uno de ellos tenía unos 55 años y el otro unos 40. Ninguno de los dos eran apuestos, al contrario uno de ellos, el mas grande, era bastante desagradable y desalineado. Estaba toda su frente con sudor y barba un poco crecida; el otro era un tipo normal, un poco gordo quizás, pero bastante común.



Luego de cruzar saludos el mas grande se sentó en la cama a mi lado, mientras el otro se quedó parado al lado de mi señora a la cual no le sacaba los ojos de encima.



Les mostré la zona donde me dolía y les comente que en es momento ya estaba mejor, que el dolor había calmado bastante.



El médico que estaba sentado comenzó a examinarme y cada vez que se daba vuelta para hablar con mi señora, disimuladamente dirigía su mirada a sus piernas y a algo mas, ya que desde la posición que estaba ubicado seguramente podía verle hasta la tanga,

Marcela, que llevaba una calentura de aquellas, se dio cuenta y abrió un poco mas las piernas para ofrecerle una mejor vista.



El mas joven que había visto el movimiento de Marcela, se sentó también en la cama y casi sin disimulo comenzó a mirar las piernas de mi novia, que ya a esta altura mostraba en su cara gestos de una gran excitación.



Luego de revisarme el mayor me diagnostico una inflamación en los intestinos, producto seguramente de algo que había comido. Pero para estar seguro me pidió permiso para tomarme la temperatura rectal, a lo cual accedí. Me di vuelta me baje el bóxer y luego de untarlo con un poco con vaselina me introdujo el termómetro en el ano, que por suerte era bastante finito, así que casi no lo note.



Mientras esperaba boca abajo a que me sacaran el termómetro, escuché como el mayor se dirigía a mi señora.



- ¿Anoche cenaron juntos?



- Si doctor, respondió ella.



- ¿Y usted no ha tenido ningún malestar?



- Por ahora no, contestó Marcela.



En ese momento el doctor me retiró el termómetro de mi ano y al ver que tenía unas líneas de fiebre, prosiguió.



- Su marido tiene un poco de temperatura y esto se debe seguramente a una intoxicación por algo que comieron anoche, así que sería conveniente que ya que estamos acá también la revisáramos a usted.



- ¿Le parece necesario doctor?, le pregunté.



- Si, muy necesario, me respondió mientras miraba a Marcela de arriba a abajo con cara de deseo.



Era evidente que lo único que querían era revisar a mi señora para toquetearla un poco. Esto lejos de enojarme, comenzó a excitarme. No solo a mí, al mirar a Marcela, noté que ella también se había dado cuenta y se notaba en su cara que eso le había gustado.



- ¿Mi amor, me dejas que me revisen los doctores?, me preguntó.



- Si vos querés, le respondí.



Los médicos se miraron entre ellos mientras se levantaban de la cama para dejarle lugar para que se acostara ella.



Marcela se sentó en la cama apoyando la espalda en la cabecera de esta y los doctores se sentaron en el borde al lado de ella. No podían sacar los ojos de las piernas de mi señora, que debido a la posición que se encontraba ya mostraba hasta los muslos.



- Levántese un poco la remerita, le pidió el mas viejo.



Marcela lo hizo dejando su pancita al aire.



El medico comenzó a tocarle el estómago y a preguntarle si le dolía. Ella respondía que no y el cambiaba la mano de lugar y le volvía a preguntar. En un momento los dedos de la mano habían bajado hacia la ingle de Marcela y la masajeaba a su gusto. Se notaba que esos movimientos a ella la habían puesto a mil.



- Señora, por favor desabróchese y bájese un poquito la pollera, así la podemos examinar mejor, le dijo el doctor.



- ¿Así esta bien doctor? Le pregunto Marcela que se había bajado la pollera unos centímetros y mostraba los dos hilitos negros del costado de su tanga.



- Doctor, permítame a mi, le dijo el otro medico, mientras abalanzaba su mano hacia la panza de mi novia.



Este se notaba que era mas zafado y los toques eran mas sensuales. La acariciaba suavemente metiendo los dedos casi rozando el inicio de su conchita.

Se notaba que Marcela ya a esta altura no podía más. Había abierto un poco las piernas por lo que la pollerita se había levantado mostrando algo de su tanga. Yo al costado miraba, ya muy caliente, como dos médicos toqueteaban como querían a mi señora.



- Sacase la remera que quiero oscultarla., pidió uno de ellos.



- Lo que pasa que no tengo nada abajo doctor, y no se si mi marido querrá que me vean las tetitas, le respondió mi esposa, mirándome con cara de puta.



- No tenga vergüenza, su marido sabe que somos médicos, así que no tendrá problema ¿no?, me preguntó.



- No, esta bien, dije, casi sin poder hablar de la calentura que tenía.



Marcela se saco la remera y dejo al aire sus hermosas tetitas con sus pezones bien erectos a causa de la excitación. Esto no paso desapercibido para los doctores que se miraron entre si e inmediatamente uno de ellos con el estetoscopio comenzó a oscultarla, pasándoselo por todo el pecho, inclusive sobre las tetas muy cerca de los pezones.

Así se turnaron y estuvieron un rato. Ninguno de los dos ya podía disimular la erección que se les marcaba debajo de sus ambos blancos.



- Bueno señora, por favor, póngase cola para arriba y levántese la pollerita que le voy a tomar la temperatura rectal. Dijo el mas zarpado.



- ¿Amor, me dejas darle la colita a los doctores para que me pongan el termómetro?



Yo asentí con la cabeza, ya no podía hablar, lo único que quería era sacar la pija y hacerme flor de paja.



Marcela se dio vuelta, y se levanto un poco la pollera dejando medio culito al descubierto.



- ¿Esta bien así doctor?



- Levántesela un poco mas, o no, ya que a su marido no le molesta, mejor sáquesela, así podremos trabajar mejor, respondió el mayor.



Marcela levantó un poco la cola y se saco la pollera, quedando cola para arriba vestida solamente con la tanguita negra y un par de soquetes blancos.



- ¿No esta mas cómoda así?, preguntó en mas joven, sin poder sacar los ojos de ese fabuloso culo.



- Si doctor, respondió ella, casi inaudible debido a su terrible calentura.



No era para menos. Otra vez había logrado exhibir su colita casi desnuda a dos desconocidos, cosa que era lo que mas la excitaba.

Yo a esta altura de las circunstancias miraba la escena tocándome por debajo de la sabana deseando que ello no terminara nunca.



- Por favor levante un poco la cola señora, le pidió uno, mientras sacaba el termómetro de un maletín.



Marcela arqueó la espalda y levanto el culo, dando una vista impresionante a los médicos, que ya sin disimulo se tocaban sus miembros totalmente erectos por encima del pantalón.



- Permiso señor, voy a correrle la bombachita a su señora, me dijo el que estaba con el termómetro en la mano y sin darme ninguna oportunidad a que se lo prohibiera.



Tomó la tanga por uno de sus lados y la corrió, dejando a la vista el hoyito y la vagina de Marcela.

Untó el termómetro con un poco de vaselina y se lo introdujo en su ano. Un gemido salió de la boca de Marcela.



- Le duele señora, le pregunto el medico mientras metía y sacaba despacito el termómetro de su culo.



- No doctor, la verdad que ni lo siento, contesto ella hamacándose suavemente al ritmo del mete y saca del medico.



- Ya me parecía, lo que pasa que este termómetro en muy finito y usted tiene la colita muy abierta, así que no va a funcionar, dijo el mas joven ya totalmente fuera de control.



- Si a su marido no le molesta vamos a tener que controlarle la temperatura con el tacto, continuó.



- Mi amor, lo dejas a los doctores que me tomen la temperatura de la colita con tacto, me preguntó Marcela, mientras me miraba y se mordía el labio inferior.



- Adelante doctor, dije yo.



El medico mas joven apoyo una mano en un cachete de la cola y comenzó a introducir el dedo mayor de la otra mano en el hoyito de Marcela.

No tengo que contarles como entró. Hasta los doctores se sorprendieron. Mi señora pego un gritito de placer, lo que hizo que el tipo metiera y sacara el dedo a un ritmo infernal, mientras ella se contorsionaba al ritmo.



- Me parece que su señora tiene fiebre en la cola, porque se nota que esta muy caliente adentro, me dijo el medico que no paraba de meter dedo.



- A ver doctor, fíjese usted, se dirigió a su colega, dejándole el lugar.



Este apunto dos dedos, que entraron fácilmente.



- Tiene razón doctor, aunque siento que también tiene muy caliente la vagina, le contestó, mientras con el pulgar hurgueteaba en la conchita de Marcela.



- Yo no lo he notado doctor, debe ser por la bombacha, le respondió el otro.



- Porque no le saca la bombacha a su señora y nos las entrega desnudita, así podremos efectuarle el tratamiento que su esposa necesita para que le baje la fiebre, me pidió uno, como sabiendo que lo que me estaba pidiendo pondría como loca a Marcela, que les entregó su primer orgasmo.



Los dos se levantaron de la cama dejándome lugar. Yo como pude me incorporé y le saque la tanguita dejándola solo con las medias. Ella se puso e rodillas, abrió un poco las piernas y les ofreció una hermosa vista de su colita.



- Muy bien señor, ahora por favor salga de la cama, siéntese ahí y déjenos trabajar tranquilos, me dijo el mas joven señalando una silla.

Yo obedecí. Me senté frente a la cama, esperando ver nuevamente como dos tipos iban a romperle el culo a mi señora.



- Permiso señor, nos vamos a desnudar para poder trabajar mas cómodos, dijo uno, mientras se sacaban la ropa.



Cuando los dos estuvieron completamente desnudos, subieron a la cama y se ubicaron de rodillas, uno a cada lado de la cola de Marcela. Estaban con sus miembros totalmente erectos y eran bastantes grandes, especialmente el del mas joven que mediría por lo menos 5 cms. de grosor.

Mientras uno le acariciaba la raya del culo, el otro le manoseaba las tetas.





- La verdad que su señora tiene una colita preciosa, lástima que este enfermita de fiebre, me dijo el que le pasaba la mano por el culo.



- Pero no se haga problema nosotros la vamos a curar, dijo el otro, mientras le tocaba la conchita.



Marcela no hacía otra cosa que moverse y gemir.



- Bueno señora vamos a empezar, si le duela nos avisa, dijo el mas viejo mientras se ponía detrás de Marcela y le insertaba el miembro en la vagina.



- Ahhhh, se escucho de boca de ella.



- ¿Le duele?, le pregunto el que le estaba dando. ¿Quiere que la saque?



- No, por favor, siga doctor. Siga, siga, siga., gritaba Marcela



- Doctor, porque no le pone algo en la boca para que no grite tanto, le pidió al colega.



Este se dirigió a la cabecera de la cama y le refregó el miembro por la cara. Ella lo tomo con una mano y comenzó a lamerlo con desesperación.



Así estuvieron un rato. Los médicos me miraban y me decían que mi señora tenía una conchita y una boquita muy lindas.



- ¿Y la colita que les parece?, les pregunte yo, que me pajeaba frenéticamente viendo la escena.



- Señora, me parece que a su marido le gustaría ver como nos entrega la colita, dijo el que tenia el miembro en su boca.



- La verdad que tiene una colita hermosa, dijo el otro que había sacado el miembro de su concha y me mostraba como le entraban sus dos dedos en el culo de Marcela.



- Venga doctor, la señora ya tiene la colita bien abierta. Muéstrele al marido como le hace el tratamiento anal, prosiguió.



El colega sacó su verga de la boca, se arrodillo delante del culo de Marcela y puso su terrible pedazo de carne en la entrada del hoyito.

Ella empujaba para atrás y refregaba su cola con desesperación en el miembro del médico.



- Dígale a su marido que me pida por favor que se la meta, le exigió.



Marcela dio vuelta la cara, me miro, pero no pudo decir nada. Yo sabia lo que ella quería así que no la hice esperar.



- Doctor, por favor muéstreme como le rompe la colita a mi señora, dije.



Estas palabras hicieron que ella tuviera un orgasmo bestial. A los médicos se le pusieron las pijas como dos estacas.

Uno se acostó boca arriba y la subió a Marcela encima y empezó a darle por la concha, el otro se puso detrás y la ensarto por el culo. Los tres gritaban y gemían. Me decían que la iban a llenar de leche, que esa era la única forma para que se le vaya la fiebre. Marcela tenía un orgasmo tras otro. Yo iba por mi segundo polvo. Cambiaron posiciones y siguieron hasta que los dos explotaron dentro de ella.



Extenuados, se levantaron, se cambiaron y antes de irse uno de ellos abrió un poco los cachetes del culo de Marcela que estaba tirada boca abajo agotada, le metió un dedo y dirigiéndose a mí me dijo



Ahora ya tiene la colita mas fresquita, cuando se le vuelva a calentar llámenos,



Cuando se retiraron, me tire al lado de Marcela y acariciando su culito me quede dormido.

Yo en la piscina




Ante todo quiero agradecerles todos los correos que me enviaron y pedirles disculpas por no escribir mas seguido. No es que no tenga historias bien calientes vividas con mi novia, sino que no tengo suficiente tiempo para contarlas.

Les comento que Marcela sigue con la manía fija de calentarse con el primero que le mira la cola, sea quien sea y sea donde sea. Lo peor que cada vez la miran más porque la ropa que usa es mucho mas ajustada, y mas ahora con el calor, se le marca terriblemente ese hermoso culito que tiene, que dicho sea de paso cada vez está más paradito a fuerza de las clases de gimnasia que no para de tomar.

Después de los momentos vividos con Marcela, creí que ya no me iba a sorprender nada, pero me equivocaba. Nunca paso por mi cabeza que algo así podría pasar y por eso me decidí a relatarles los hechos tal cual pasaron.

Por medio de mi trabajo conocí al manager de un hotel 5 estrellas ubicado en la zona de Retiro. Se llama Osvaldo, de aproximadamente 50 años muy amable, que en agradecimiento de haber realizado un excelente negocio con nuestra empresa me regaló dos pases para que concurriera con mi novia a la piscina del hotel.

Al llegar ese día a mi casa les mostré a Marcela el obsequio que me habían hecho y decidimos ir un miércoles ya que ese día yo tenía el día franco y pensamos que habría menos gente que un fin de semana.

Fue así que ese día nos levantamos temprano cosa de aprovechar lo más posible y nos dirigimos al hotel.

Cuando llegamos presenté las invitaciones y enseguida nos mostraron los vestuarios donde podríamos cambiarnos, cosa que hicimos. Yo me puse una malla azul tipo bermudas y Marcela una bikini celeste bien chiquita que dejaban ver todos sus atributos, especialmente la cola ya que la tanga se perdía entre sus cachetes paraditos y duritos, dando una visión perfecta de su culito.

Al verla salir del vestuario así no me sentí demasiado cómodo. Tuve miedo que hubiera mucha gente en la piscina y que, como era costumbre en mi novia, esta se descontrolara y todo terminara en otra aventura.

Pero por suerte cuando ingresamos al natatorio estaba casi vació; había 3 o 4 parejas que se notaba eran turistas.

Fue así que ocupamos dos reposeras y nos tendimos a tomar sol. Ya habían pasado casi dos horas cuando de repente escuché risas y murmullo y veo como comienzan a entrar un montón de personas, las cuales, se notaba era un contingente de extranjeros, ocupando casi todos los lugares disponibles alrededor de la piscina.

La tranquilidad que había hasta ese momento había desaparecido. Todo era ruido, risas y griterío. Notaba que los que estaban en pareja relojeaban disimuladamente la cola de mi novia, que se encontraba tirada en la reposera boca abajo. Así pasamos un rato más hasta que decidimos con Marcela, ante tanto barullo, irnos.

Íbamos camino a los vestuarios cuando casi me choco con Osvaldo con el luego de saludarnos afectuosamente le presente a mi novia.



- Mucho gusto, le dijo, mientras le daba la mano a Marcela y la miraba de arriba abajo.



- Encantada, contestó ella.



- ¿Pero ya se van?, preguntó



- Lo que pasa es que la piscina se lleno de gente y no estamos muy cómodos, dije.



- Por eso no hay problema, vengan conmigo que los invito a que se queden en la piscina VIP del hotel, ahí van a estar tranquilos, son todos hombres grandes, empresarios y no hacen el lió que hacen los turistas, me dijo.



Nos invitó a pasar por una puerta, tomando la precaución que pasara primero Marcela para poder mirarle el culo, lo cual hizo sin disimulo clavándole los ojos durante todo el trayecto. Aún hablando conmigo no podía dejar de ver el espectáculo que estaba dándole mi novia moviendo su colita parada.

Ver como Osvaldo la deseaba a Marcela me comenzó a excitar de tal manera que se me empezó a parar, cosa que disimule metiéndome las manos en los bolsillos de la malla.

Cruzamos varias puertas hasta entrar al lugar. Era una piscina mas chica que la que habíamos estado, tenía una barra en la que se servían tragos y como nos dijo Osvaldo, había 7 hombres, todos de alrededor de 50 años, que se notaban que eran de plata por los relojes y cadenas de oro que usaban. Lo que no había era ninguna mujer, así que se imaginan las miradas de los tipos cuando pasaba mi novia por delante de ellos hacia las reposeras. Le comían la cola con la mirada. Note como Marcela se había dado cuenta de esto, porque justo la vi como arqueaba la espalda y sacaba la colita mas afuera para que se la admiraran mejor.

Lo peor que no me había dado cuenta yo solo, noté que Osvaldo, que no le perdía pisada, puso una cara de asombro que inmediatamente se transformó en una mirada de deseo incontrolable. Trató de componerse de la situación y nos invito a que tomáramos lugar en dos reposeras que estaban vacías. Fue un alivio poder sentarme, ya que estando parado era casi imposible disimular la erección que me había provocado la escena.

Osvaldo nos trajo un trago a cada uno y nos pidió permiso para retirarse un momento.

Ahí quedamos nosotros rodeados de tipos que no hacían otra cosa que mirar a Marcela sin ningún disimulo cada vez que hacía cualquier movimiento. Me di cuenta que esto le estaba encantando a ella que se había acostado boca abajo y levantado un poco el culito les daba una vista fabulosa a todos los viejos que se baboseaban con tremendo espectáculo.

Lo peor de todo esto es que a mi también este estado de cosas me había puesto a mil, pero tenía que poner un freno a la situación.



- Marce, baja un poco la cola que todos te están mirando, le ordené.



Ella dio vuelta la cara miro a los tipos y me contestó:



- Si ya sé, déjalos que miren, los tengo enloquecidos a los viejos y sabes que a mi me gusta.



- Lo que pasa es que te están cogiendo el culo con los ojos, le dije.



Había cometido un grave error al decir esto. Sabía que a Marcela esas cosas las excitaban tremendamente, pero por efecto de mi calentura no me pude contener.



- Ufffffffffff, me contesto ella, mientras me miraba con la mayor cara de puta que tiene y levantaba mas el culito abriendo un poco las piernas.



- No aguanto más el calor, voy al agua, prosiguió.



Se paró, pasó por delante de todos los tipos caminando parando bien la cola hasta llegar a la escalera de la piscina, la cual la bajo despacito hasta que se introdujo.



Yo de mi reposera veía como todos se la querían comer y eso me ponía cada vez peor.



- La verdad que tienes una mujer hermosa, escucho que dicen a mi espalda.



Era Osvaldo que había regresado y se sentaba en la reposera de mi novia.



- Gracias, le respondí.



- ¿Debes tener que cuidarla mucho? Alguien con ese cuerpo debe ser la tentación de más de uno. Me preguntó.



- Ella sabe cuidarse sola, le respondí.



- Veo que no te molesta que los tipos la miren, me dijo, ya un poco fuera de lugar.



- No, no me molesta, al contrario me gusta que admiren la mujer que tengo, le respondí.



En eso veo salir a Marcela de la pileta y acercarse a nosotros.



- Por favor siéntese, le dijo Osvaldo, mientras se incorporaba de la reposera y le alcazaba un toallón blanco.



- Gracias, respondió ella. Tomó el toallón y comenzó a secarse en forma muy sensual. Se hizo un silencio sepulcral. Todos la mirábamos y Osvaldo que la tenía solo a un metro se babeaba y ya se le notaba el principio de una erección que trató de esconder.



- Tiene que ponerse un protector solar porque a esta hora el sol esta muy fuerte. Le dijo Osvaldo



- Es que no tengo, contesto ella.



- Acá tengo uno muy bueno, dijo él.



- Gracias, respondió ella acostándose en la reposera boca arriba y comenzó a untarse la crema por todo la parte de adelante del cuerpo.



La escena era recaliente. Mi novia pasándose crema por todos lados y ocho tipos y yo mirándola en silencio como lo hacía.

Por la cara que tenía Marcela me di cuenta que su calentura ya era atroz.

De pronto terminó de pasarse todo por delante y escucho que Osvaldo se dirige a ella.



- Pregúntele a su marido si la deja que yo le pase la crema en la espalda.



- ¿Mi amor me dejas que el señor me pase cremita por atrás?, me pregunto mientras se daba vuelta culito para arriba.



- Si vos querés a mi no me molesta, le respondí casi sin poder modular palabra de la calentura que tenía.



Osvaldo le tiro un chorro de crema sobre la espalda y comenzó a frotársela. Marcela había cerrado los ojos y se notaba que explotaba.



- Señora pare un poco la cola que le voy a poner ahí que la tiene toda coloradita, le ordenó Osvaldo.



Ella abrió los ojos me miro como pidiéndome permiso y levantó un poco el culo. Yo ya no podía hablar. Los otros tipos se estaban acercando de a poco y no se perdían detalle de escena.



Osvaldo comenzó a masajearle el culo casi con desesperación. Las manos se deslizaban con facilidad a causa de la crema. Marcela cada vez lo paraba más.



- Permiso Jorge, voy a correrle la tanguita a tu señora para que la crema le llegue bien adentro, me dijo sin darme la opción que se lo prohibiera.



Osvaldo metió un dedo debajo de la tanga y la corrió toda hacia un costado dejando al descubierto el hoyito del culo y la conchita de mi novia.

Ella dio vuelta la cara y lo miro, paró mas la cola, casi poniéndose de rodillas, y le pidió:



- Páseme cremita bien adentro en la colita que me arde un poco.



Osvaldo le tiro un chorro de bronceador en el agujerito del culo y comenzó a extenderlo con dos dedos, pasándoselos por toda la raya, llegando inclusive a masajearle la concha. Fue ahí que Marcela no aguanto más y entre gemidos le regalo el primer orgasmo. A todo esto tres tipos se habían tirado a la piscina y se habían acercado a menos de un metro de donde estábamos nosotros. Los otros se sentaron a un costado y mientras se manoseaban las entrepiernas, observaban todo sin poder creer.



- ¿Le arde menos ahora señora?, pregunto Osvaldo mientras dos dedos entraban y salían del culo de Marcela.



- Si señor, algo menos, contesto ella.



- Lo que veo es que se ha quemado mucho con el sol y se encuentra muy caliente. Lo que usted necesita es un masaje mas profundo, le dijo Osvaldo, mientras le sacaba los dedos del culo y le ponía la tanga de nuevo en su lugar.

- Toma Jorge las llaves de una habitación. Si no te molesta llévala allá que en un rato vamos con los señores y le damos un tratamiento más intensivo a tu mujer, continuó.



Yo no le conteste, me había calentado tanto la situación que lo único que quería era bajarme la malla y hacerme flor de paja.



- ¿Me dejas mi amor que los señores me hagan el tratamiento?, me preguntó Marcela, que seguía tendida boca abajo en la reposera.



Todas las miradas se dirigieron hacia mí.



- ¿Te parece?, ¿tenés ganas?, le contesté.



- Es que me arde mucho la colita y necesito masajitos profundos, me respondió.



Esa respuesta fue demasiado para mi. Hice un gran esfuerzo para no acabar, me levanté, la tome de la mano y la lleve hacia la habitación. Todos los tipos nos siguieron sin decir una palabra, solo se miraban entre ellos como no pudiendo creer lo que les estaba pasando.

Llegamos a la habitación y ya Osvaldo estaba ahí. Se había cambiado y vestía solamente un short de baño.



- Que suerte que vino señora, va a ver como dentro de un rato se siente mas aliviada, dijo Osvaldo.



- Venga por acá y la hizo sentar en la cama. Vos Jorge podes sentarte ahí, continuó, señalándome una silla que estaba contra una de las paredes. Ustedes siéntense en esos sillones, les indico a los siete veteranos.



- Bueno señora, sáquese la mayita y tírese en la cama colita para arriba.



Marcela me miro y pregunto, mientras se mordía en labio inferior:



- ¿Puedo mi amor quedarme desnudita ante los señores?



Yo le asentí con la cabeza. Entonces ella se puso de espaldas y se sacó primero el corpiño. Luego metió los dedos al costado de la tanga y la fue bajando despacito, dejando a la vista su preciosa cola. Se tiro en la cama y se acostó boca abajo levantando un poco la cola.

Osvaldo se sentó al lado y comenzó a acariciarle suavemente la espalda.



- Pobre tu señora, una colita tan hermosa y se la quemo toda. ¿Le arde acá?, le preguntó mientras le pasaba la mano por la raya del culo.



- No, un poco mas adentro, le respondió mi novia, parando más la cola y abriendo las piernas para dejar al aire su abierto hoyito.



Osvaldo le puso un poco de crema y le metió de golpe dos dedos hasta el fondo. Marcela pego un gritito y se arrodilló.

Los dedos de Osvaldo entraban y salían, mientras le pedía que nos dijera a todos como le gustaba. Ella solo pedía más y se retorcía de placer.

Los tipos ya se habían sacado el short y estaban pajeandose frenéticamente. Yo observaba y esperaba impaciente como nuevamente, como ya tantas veces, le iban a romper el culo a mi novia.



- Ahora, le voy a poner la cremita mas adentro, le dijo Osvaldo mientras se sacaba el short.



- Permiso Jorge, pero necesito llegar mas al fondo, me dijo, mientras se untaba con crema su terrible miembro que no era muy largo pero si mediría como 5 cms. de ancho.



Le hizo sacar mas la cola para afuera, y de un saque la penetró.



- Siiiiiiiiiiiii, grito Marcela, métame la crema bien adentro.



Osvaldo le cabalgaba enloquecido mientras le preguntaba si todavía le ardía.



- Si todavía necesito cremita mas adentro, le contestaba la trola de mi novia.



Osvaldo le hizo seña a uno de los tipos que tenía una terrible pija, mas larga que la de el, y le cedió el lugar.



- Cree que con esta le alcanzará, le dijo a Marcela el viejo este, mientras le mostraba terrible pedazo de carne.



Mi novia dio vuelta la cara y al verlo, lo agarro y se lo llevo desesperadamente a la boca.



- Ah, veo que también a tu señora le ardía la boquita, me dijo Osvaldo.



Todos rieron y subieron a la cama. La tocaban por todos lados, les metían manos en las tetas, le refregaban las pijas por la cara, le metían las lenguas por el culo y la concha, la besaban en la boca.

Marcela parecía poseída, habría la boca, se habría con las manos el culo, se metía los dedos en la conchita y no paraba de gemir y gritar.

Yo sentado en la silla me pajeaba desenfrenadamente viendo como 8 viejos babosos le daban a mi novia.

Así estuvieron largo rato. Cada tanto Osvaldo me miraba y me decía lo buena que estaba y lo puta que era mi mujer. Al escuchar eso parecía poner a Marcela mas caliente todavía. Las sabanas estaban todas mojadas de las acabadas de mi novia que no habrán sido menos de diez. De repente uno a uno empezaron a bañarla con semen, que la muy atorranta se untaba por todo el cuerpo.

Osvaldo le decía que esa era la cremita que necesitaba y que preparara bien el culo que ahora se la iba a pasar bien adentro. Marcela volvió a ponerse en cuatro con el culo bien parado y las piernas abiertas y mientras se metía un dedo en la conchita, Osvaldo la ensarto de nuevo hasta dejarle la ultima gota de semen dentro de su preciosa cola.

Todos se cambiaron y se fueron. Yo me tire al lado de mi novia que se la notaba extenuada, tanto como yo por las tres pajas que me había hecho.

Yo y los tecnicos del videocable




Luego de la aventura de mi novia con mi jefe y mis compañeros de oficina, mi vida se ha convertido en un verdadero caos. Las cargadas en el trabajo, las inevitables proposiciones de empleados de otra sección y aguantar al viejo calenton de mi jefe que todos los días me hace recordar como gozaba Marcela mientras le rompia el culo, están haciendo que mis dias en la oficina sean interminables. Lo peor de todo es que no puedo tomar la decisión de dejar a mi novia, porque cada vez que lo intento, recuerdo los momentos vividos y me excito de tal manera que tengo que masturbarme para poder calmarme.

A todo esto se suma que Marcela cada vez esta mas puta. Ahora cada vez que hacemos el amor se calienta imaginando que soy otro y me llama Leonardo, Sergio, Ruben, etc y me pide que le rompa la cola como se la partieron ellos. Cuando yo acabo, a ella no le alcanza y sigue metiendose los dedos en el culo como desenfrenada pidiendome que le consiga otra pija. Así acaba varias veces y se tranquiliza, me pide perdón por las cosas que dijo y se duerme.

Así transcurre mi vida y por lo tanto como sigo con ella hoy voy a contarles lo que nos paso hace poco.

Hace unos días al levantarme y como todos los días lo hago, intente bajar los mail que recibo de todos ustedes y me encontré que estaba sin servidor. Tengo el sistema de Cablemoden por lo que después de varios intentos inútiles de que funcionara, llamé al servicio técnico, en el cual me respondieron que no había ningún problema en la zona, por lo que tenían que mandar un técnico a domicilio para chequear cual era el inconveniente. Arreglamos que el día Miércoles a las 19 Hs. pasarían por mi casa.

Fue así que ese día pedí salir del trabajo mas temprano y me quedé en casa esperándolo. Estaba solo porque Marcela había ido al gimnasio y no regresaría hasta las 21 Hs.

Puntualmente tocan la puerta y al abrir me encuentro con dos tipos de aproximadamente 40 años morochos y bien fornidos. Me muestran las credenciales de la empresa, los hago pasar y les indico donde está la computadora. Les explique cual era el problema mientras uno de ellos revisaba los cables y el otro encendía la PC. Les ofrecí algo de tomar lo cual aceptaron, así que los deje solos un momento y me dirigí a la cocina. Cuando volvía con las gaseosas y mientras me acercaba a la habitación escuchaba risas cosa que no le di importancia. Cuando abrí la puerta e ingrese me encontré a los dos sentados frente al monitor contemplando una foto de espaldas y en tanga de Marcela. Ver a esos dos negros como se baboseaban con la cola de Marcela me excito terriblemente. Al verme disimularon y cerraron la foto. Yo quería ir mas allá, más aún sabiendo que Marcela no llegaría hasta las 21, y que a esa hora los técnicos ya no estarían. así que decidí empezar el juego.-



- ¿Les gusta esa foto?, les pregunté.



- La verdad que tiene un culito bárbaro, me contestó uno de ellos.



- Esta para comérselo todo, dijo el otro.



- Es mi mujer, les dije.



Los dos se miraron y no sabían donde meterse.



- Perdón señor, no sabíamos. Dijeron casi a duo.



- No hay problema muchachos, no tenían por que saber. Además a ella le encanta que le miren la cola y como a mi no me molesta está todo bien. Abran de nuevo la foto y mírenla tranquilos.



No podían creer lo que escuchaban. Me miraron, abrieron la foto y la maximizaron.



- ¿No tiene una cola preciosa?, pregunté.



- La verdad que si, contestó uno, notándose en su voz que ya se estaba calentando.



- ¿En serio que le gusta mostrar el culo?, me preguntó.



- Así es, esta foto esta en internet y le mandan muchos mail por día, le respondí.



El otro miraba la foto y se tocaba la entrepierna. Yo a esta altura tenía una erección que no podía disimular.



- ¿Y donde esta su señora ahora?



- En el gimnasio, va a volver tarde.



- Es una lástima, me gustaría conocer ese culito personalmente, me dijo algo tímido, quizás esperando una mala reacción mía.



Yo estando seguro que Marcela no aparecería, seguí con el jueguito.



- Si estuviera acá se los mostraría con todo gusto, les dije. Es más, me encantaría verlos como se lo admiran, continué.



- ¿No tiene mas fotos?



- Si claro, no las tenemos escaneadas, pero ahora se las traigo.



Me dirigí hacia el dormitorio y enseguida regresé con un álbun con muchas fotos de Marcela mostrándose en tanguita y con el culito al aire.

Cuando las empezaron a ver se les notaba que explotaban de la calentura, pasaban una por una y se reían nerviosamente mientras se tocaban la entrepierna.



- ¿Puedo llevársela a mis dos compañeros que están afuera para que las vean?, me preguntó uno.



- No, las fotos no salen de acá. Llámelos y que vengan a mirarlas aquí, le respondí.



De inmediato tomo su radio y le pidió a sus colegas que vinieran al departamento.

Al minuto tocaron a la puerta. Yo fui a recibirlos y los guié a donde estaban los otros.

Yo estaba excitadisimo. Ver a los cuatro mirando desesperadamente las fotos de mi novia mostrando la cola me ponía a mil.



De pronto, escucho la puerta de calle, y veo que entra Marcela. Había regresado antes de tiempo. Voy enseguida a su encuentro para evitar que ingresara en la habitación donde estaban los técnicos y ella, que me habrá visto la cara de desesperación que traía, me preguntó sorprendida que pasaba.

La lleve a la cocina y le conté lo que había hecho y le sugerí que se fuera por un rato hasta que los técnicos se marcharan.

Enseguida note que la situación en vez de molestarla la había excitado ya que las dos primeras preguntas que me hizo fueron cuantos técnicos eran y que habían dicho de las fotos. Le respondí que eran cuatro y que se notaba que las fotos los habían calentado muchísimo. Ella me dio un beso y me metió la mano en la entrepierna y me dijo:



- Veo que vos también estas muy caliente.



- ¿No tenés ganas que me vean personalmente y que me deseen?, continuó.



La verdad que solo imaginar a esos cuatro tipos admirar a mi novia me ponía a full.



Se sacó la campera, quedando vestida solamente con una remerita blanca muy ajustada y unas calzas rojas de gimnasia, que mostraba su culito redondito y paradito.



- Vamos, presentámelos, me dijo.



Entramos a la habitación y al ver que venía con mi mujer no les daban las manos para esconder las fotos.



- Les presento a mi señora, les dije.



- Mucho gusto, dijeron casi al unísono.



- Hola, dijo Marcela.



- Por las fotos no se preocupen. Mi marido ya me contó todo y no me molesta que las vean, continuó.



- Ya su marido nos dijo que le gusta mostrarse, dijo uno.



- La verdad que tiene un culo precioso, dijo otro.



- Muchas gracias, ¿cuál fue la foto que mas le gustó?, preguntó Marcela.



- Esta, dijo uno, mostrando una foto donde se la ve a Marcela parada apoyada contra una pared vestida solamente con una tanguita negra metida bien adentro y sacando la cola para afuera.



- Esa me la saco mi marido en nuestro dormitorio.



- Muéstrenos donde, pidió el mas grandote.



- Pasen por acá, dijo Marcela, dirijiéndose a nuestra habitación.



Cuando entramos todos al dormitorio, Marcela se paró en el lugar de la foto y en la misma pose.



Los cuatro tipos se sentaron en la cama, mientras yo me quede parado a un costado para no taparles la espectacular vista que les estaba dando mi novia.



- Saque el culo mas para afuera como lo tiene en la foto, casi le ordenó uno de ellos.



- ¿Así está bien? Preguntó Marcela que había abierto un poco de piernas y arqueado la espalda, parando bien la cola.



- Así esta bárbaro. ¿Me presta la cámara de fotos para sacarle unas fotos yo?, preguntó.



- Mi amor, ¿lo dejas al señor que me fotografie la colita?



De la calentura que tenía ya no podía hablar, así que asentí, mientras sacaba la cámara del placard y se la entregaba a uno de los tipos.



Se paro atrás de mi novia y comenzó a fotografiarla, mientras los otros se sacaban los bolseguies y se recostaron en nuestra cama, masajendose la entrepierna.

A Marcela esto que le estuviera sacando fotos un extraño la había puesto como loca de la calentura. Se notaba en la expresión de su cara y en la forma que se contorsionaba.



- Así putita mostranos bien ese culito, le decía uno.



- Mostranos esa carita de puta, decía otro.



El tipo le seguía sacando fotos cada vez de mas cerca. Esto ponía cada vez mas caliente a Marcela, que en un momento dado metió los dedos en los costados de la calza y la bajó un poco, hasta mostrar el inicio de la raya del culo.



- Mire como la puta de su señora nos quiere mostrar la tanguita, me dijo el que estaba con las fotos, ¿a usted no le molesta no?



- Si ella quiere esta bien, conteste con el poco aliento que tenía.



- A ver putita de mierda bajate las calzas que tu marido te deja.



Marcela se paro derecha, apoyó su mejilla derecha en la pared y tiró de la calza para abajo dejando al descubierto una tanguita disminuta color blanca que apenas le cubría un triangulito en la parte de arriba.



- Uy Dios que culo, exclamó uno que estaba en la cama y comenzó a sacarse los pantalones.



Los otros lo siguieron, mientras no se perdían detalle.



El que estaba con las fotos no paraba de sacar. Le indicaba a Marcela como quería que se pusiera y esta obedecía al instante. La puso de costado, un poco agachada, le hacía poner un dedo en la boca, un dedo en la rajita del culo. Los otros tres estaban con sus tremendos penes erectos y masturbandose.



- Ahora puta nos vas a mostrar ese lindo agujerito que tenés, así que sacate toda la ropa que lo queremos ver, le ordenó el de las fotos, dejando la cámara a un costado y sacandose los pantalones se acostó también en la cama.



Marcela se saco las zapatillas, las calzas, el top y quedo solo con la tanga y las medias blancas de gimnasia

Los miraba con cara de puta, sacaba la lengua y se la pasaba por los labios y jugaba con que se bajaba la tanga, lo hacia hasta la mitad y la volvía a subir enterrandosela dentro del culo. Esto los ponía como loco a los tipos que casi ya estaban todos desnudos en la cama.



De repente uno no aguanto más, se paró y se apoyo en la espalda de Marcela, y mientras la traía hacia él agarrándola de las tetas le refregaba la pija por todo el culo.



- ¿Te gustan las pijas grande puta?, ¿las querés todas adentro eh?



Marcela no contestaba, solo acercaba el culo a ese pedazo de pija y gemia.



- Date vuelta perra, mira que lindas pijas tenemos para vos, le dijo uno que estaba acostado.



Inmediatamente el que la tenia apoyada la dio vuelta y le metió la lengua en la boca mientras le agarraba el culo con las dos manos abriéndoselo bien y dándole una excelente vista a los que estaban en la cama.



- ¿Comete esta pija putita? Le ordenó, a lo que Marcela respondió rapidamente metiéndose tremendo pedazo de carne casi por completo en la boca, mientras movía la colita a los otros.



Uno de ellos se paró y corriéndole la tanguita le metió la lengua en el oyito, a lo que mi novia respondió con un gemido que pronto se convirtió en la primera acabada.



Mientras los otros se pajeaban freneticamente, el que le estaba comiendo la cola se incorporó y acomodando su pedazo en el agujerito del culo de mi novia lo penetró hasta el fondo.



No puedo explicarles con palabras como se retorcía mi novia con ese pedazo de pija en su colita. Pedía más y más.



- Que abierto que tenés el culo putita, se ve que te tragaste varias pijas, le decia mientras le bombeaba sin parar.



El que le estaba dando de comer por la boca la agarró de los pelos y le giró la cabeza a los que estaban pajendose en la cama y le dijo:



- Mirá que lindas pijas te están esperando, subí a la cama y comételas a las dos, son todas tuyas putita.



Marcela casi pego un salto y subió a la cama como desesperada y se metió la pija de uno de los tipos en la boca mientras el otro le metía dos dedos en el culo que ya a esta altura estaba bien dilatado.



Mientras los que estaban parados subieron también a la cama y la manoseaban por todos lados. Uno me miraba a mi mientras me hacia flor de paja y me decía:



- ¿Te gusta como la partimos a tu señora? Mira como le gusta a la muy trola.



Uno por uno le fueron dando por el culo. Marcela lo único que hacía era gemir y acabar.



- Ahora te vas a tragar la leche de los cuatro, le ordenó uno.



Los tipos se tiraron en la cama y marcela se metió la pija de uno en la boca mientras los otros esperaban su turno.



Así uno a uno se trago el semen de todos hasta la ultima gota. Quedó exhauta tirada boca abajo en la cama mientras los tipos se vestian. Yo ya había acabado varias veces por lo que me tiré a lado de ella a esperar que los tipos se fueran.

Yo y los compañeros de mi marido




Luego de lo vivido en la mueblería comenzó a rondarme la idea de separarme de mi novia. Sabía que lo que había pasado no tenía vuelta atrás y me había dado cuenta que ella no podía reprimir por mucho tiempo ese incontrolable deseo que le producía mostrar ese precioso culito que tiene. Cada vez la veía con mas necesidad de exhibirse y ya no le importaba si eran conocidos o si eran jovenes, al contrario me demostraba que, cuando estabamos juntos, y alguien le miraba la cola, cuanto más desconocido, viejo y asqueroso era más caliente la notaba y estoy seguro que si no la contengo en esas situaciones se desnudaría en cualquier lugar y pediría a gritos unas cuantas pijas en su culo.

Tengo que reconocer también que las situaciones con ella vividas me calentaron terriblemente y verla mostrar su colita de solo pensarlo me la pone dura. Esto hace que todavía no haya tomado la decisión de dejarla.

Mientras todo esto pasa por mi cabeza nuestra vida continua y hoy quiero contarles como siguieron nuestros días despues de la terrible cogida que le pegaron a mi novia en la mueblería.

Como les conte en el ultimo relato, nos fuimos a vivir a otro lugar y como es costumbre luego de habernos mudado les presentamos nuestra nueva casa a familiares y amigos.

Los que les voy a relatar sucedió el sábado pasado, cuando se me ocurrió invitar a mi jefe y algunos compañeros de oficina a cenar ya que todos los días me insistían para conocer mi nuevo hogar. Tanta insistencia por parte de ellos me hacia pensar que mas que conocer mi casa, tenían ganas de ver a Marcela, la cual ya conocían de los eventos que organizaba la empresa. A pesar de esto no pude negarme y la reunión se llevo acabo.

Fue así como fueron llegando uno a uno mis 6 compañeros entre los que estaban Eduardo y Leonardo que, como les conté en el primer relato, los escuche hablando del culito de mi novia y le tenían unas ganas bárbaras. Mi jefe de unos 65 años fue el último en llegar. Este era el único que no conocía a Marcela ya que era nuevo en el puesto y todavía no había asistido a ningún evento.

Todos se sentaron repartidos, algunos en los sillones del living y algunos a la mesa, mientras yo les servía unos tragos. Charlabamos amenamente cuando hizo su aparición Marcela, que, como toda mujer, se había retrasado en arreglarse. Pidiendo disculpas por la tardanza se acercó a cada uno de los invitados y los saludo con un beso en la mejilla, salvo a mi jefe que cuando se lo presenté le dio la mano.

No puedo explicarles como a medida que saludaba a uno los otros le clavaban disimuladamente los ojos en su cola, incluyendo a mi jefe. No era para menos, Marcela tenía puesta una pollerita de algodón blanca cortita y bastante ajustada, la cual dejaba adivinar la disminuta tanga que tenía.

Mi novia, luego de saludar se dirigió a la cocina y regreso con dos platos de sandwiches de miga, que apoyo en la mesa ratona del living, para lo cual, tuvo que agacharse un poco, lo que le provocó a mi jefe un excelente primer plano del culito, que ya sin disimular se lo miro descaradamente. Al darse cuenta de esto, Marcela, lo sacó un poco mas para afuera dándole un espectáculo que mi jefe, por la expresión de su cara, se notaba que no podía creer. Esto no pasó desapercibido para mis compañeros que se miraron entre sí con sonrisa complice.



- Sientese acá por favor, se dirigió mi jefe a Marcela, haciendole un lugar en el sillón.



- Que bonita mujer que tiene, continuó, dirigiendose a mi.



- Gracias, conteste, mientras mis compañeros la miraban de arriba abajo con cara de degenerados afirmando lo que mi jefe decía.



- Es que se pasa varias horas por semana en el gimnasio, continué, mientras Marcela se sonreía.



- ¿Se nota?, preguntó ella, al tiempo que se levantaba y daba una vueltita.



- Vaya si se nota, contesto Leonardo, desnudándola con la vista.

Todos rieron



- De otra vuelta por favor, le pidió mi jefe.



Ella así lo hizo, esta vez ya sacando más la cola para afuera y con cara de relajo.

Yo comencé a preocuparme por lo que podría pasar, pero no puedo dejar de reconocer que verla mostrarse delante de 7 tipos me había empezado a producir una erección.



- Me imagino que con esa colita parada las cosas que le deben decir en la calle, prosiguió mi jefe.



- Y, si, respondió Marcela, notándose ya excitada.



- ¿A su marido no le molesta que la miren? Continuó.



- No, a él le gusta, ¿no mi amor?, me pregunto ella, que seguía parada en el medio de todos.



Se hizo un total silencio y todas las caras giraron hacia mi esperando una respuesta. Yo a esta altura ya estaba bastante caliente, por lo que le conteste:



- Como yo se que a ella le gusta, para mi esta bien.



- ¿Así que le gusta que la miren?, pregunto mi jefe, a lo que Marcela asintió.



- ¿Y que es lo que mas te gusta que te miren?, pregunto Leonardo.



- La cola, dijo ella, parándola todavía más.



- Se ve que es muy linda, pero con la pollera no se ve muy bien, porque no se la levanta un poquito así podemos admirarla mejor, dijo mi jefe.



- ¿Me dejas mi amor que me levante la pollera delante de los señores? Me pregunto, notandosele que la situación la había calentado.



Automáticamente después de escuchar esto note como todos ya se estaban tocando disimuladamente la entrepierna.



- Si tenés ganas, conteste yo, con una erección que ya era imposible de disimular.



Marcela giro dándole la espalda a mi jefe y se levanto la pollera dejándole ver la mitad de los cachetes.



- ¿Le gusta señor? Preguntó, mirando a mis compañeros que estaban de frente.



Mi jefe no contestó. Miraba el culo de Marcela sin poder creerlo.



- Date vuelta que nosotros también te queremos ver, dijo Leonardo.



Marcela giró y apunto la colita a mis 6 compañeros, se levanto un poquito mas la pollera, dejando ver la disminuta tanguita blanca y mirando a mi jefe con cara de viciosa le preguntó:



- ¿Cuanto hace que no ve una colita tan linda?



- Hace mucho señora, le respondió, mientras se manoseaba el bulto a través del pantalón.



Leonardo no aguanto mas y me preguntó sin sacar la mirada del culo de Marcela:

- ¿Jorge te molesta si me bajo el pantalón?



Yo estaba esperando que alguien fuera el primero en decirlo porque con la erección que tenía tampoco aguantaba mas tener el pantalón puesto. Así que mi respuesta fue afirmativa. Todos nos desabrochamos los pantalones y en segundos estaban todos con sus miembros totalmente erectos en la mano.

Marcela los miro disimuladamente uno por uno y ponía cara de tonta. Cuando se dio vuelta y vio el de mi jefe se noto en su cara la sorpresa y no pudo disimular mas la calentura que le produjo ver tremendo pene. Era realmente impresionante media como 28 cm. Pero lo mas sorprendente era su grosor, no bajaba de los 5 cm.



- ¿Le gusta lo que ve? Le pregunto mi jefe mientras sacudía terrible pedazo de carne.



Marcela no dijo palabra, solamente asintió con la cabeza sin dejar de mirarlo.



- ¿Le gustaría tocarlo? pregúntele a su marido si la deja, continuo mi jefe.



- Mi amor ¿me dejar tocarle la pija al señor?, me preguntó, mientras se lamia los labios.



Yo, de lo caliente que estaba, me salió un si casi inaudible.



- Pero antes me tiene que dejar tocarle la colita, así que dese vuelta, bájese la bombachita hasta las rodillas y saque ese culito para afuera, le ordenó.



Marcela obedeció de inmediato, y en un segundo estaba mostrándole a mi jefe su colita toda desnuda y a mis compañeros le mostraba la conchita que ya a esta altura estaba toda húmeda.



Mi jefe estiro la mano y empezó a acariciarle suavemente los cachetes. Mientras esto pasaba mis compañeros se pajeaban freneticamente mientras Marcela los miraba y se lamia los labios con una cara de puta que solo tiene cuando esta con una calentura de aquellas, y hoy era ese momento.



- Agáchese un poquito, le pidió mi jefe. A lo que mi novia respondió de inmediato.



Así mi jefe con las dos manos le abrió los cachetes y dejo al descubierto su agujerito.



- Que lindo y abierto que tiene el culito señora, dijo mi jefe, ¿le gusta que se la metan por ahí?, siguió.



- Mucho, contestó Marcela dando vuelta la cara y mirándole la tremenda pija.



- ¿Tiene ganas de tocar este pedazo?



- Déjeme por favor, suplico ella. A lo que mi jefe le contestó.



- Aquí la tiene.



Marcela se dio vuelta , se puso en cuatro entregándoles una vista fabulosa a mis compañeros, agarro la pija de mi jefe y mientras la miraba con deseo, comenzó a pajearla.



- Como le gusta la pija a su mujer, me dijo mi jefe mientras me miraba.



Mientras tanto Leonardo se animó y le metía mano al culo de mi novia. Los otros se fueron sentando en el piso haciendo un circulo alrededor de ella y comenzaron a tocarla por todas partes.

- Te dije que era una putita, le dijo Eduardo a Leonardo, mira como le gusta que la toquetiemos.



- ¿Puedo darle un besito a su pene señor?, pregunto ella a mi jefe, que ya lo tenia totalmente parado y era de un tamaño antinatural.



- Si, pero antes sáquese toda la ropita así mientras se entretiene con mi verga, puedo mirarla mientras los muchachos le meten la lengua en todos lados.



Con solo escuchar eso, Marcela comenzó a gemir y a morderse el labio inferior, mientras se incorporaba y se sacaba el top y la pollera quedando solamente vestida con un par de medias cortitas de color rosa.

Volvió a ponerse en cuatro, tomo con las dos manos el pene de mi jefe y comenzó a darle besitos, comenzando por los testículos y subiendo hasta llegar a la cabeza. Ahí se detuvo, lo miro a los ojos a mi jefe, abrió al máximo la boca y comenzó a chuparlo con desesperación.



- Eso señora, muéstrele a su marido como le gusta comer pijas grandes, le decía mi jefe.



- Levanta bien el culito putita que te lo voy a ensartar, le ordenó Eduardo, que ya estaba de rodillas detrás de mi novia.



Marcela, sin sacarse el miembro de la boca, se arqueó lo mas que pudo y abrió más las piernas, ofreciéndole a Eduardo un primer plano de su hoyito abierto.



Eduardo me miró y me dijo:



- Mira como le voy a romper el culito a tu señora. Ahí nomás, le escupió el ano, le apoyo la punta de la pija y de un saque se la introdujo toda.



Mmmmmmmmsi, gritó Marcela, demostrando el placer que le estaba causando tener un pene en la cola.



Ver a mi mujer como seguía muy entretenida con la pija de mi jefe, mientras Eduardo le bombeaba con locura el culo y los otros la manoseaban por todos lados, esperando su turno, me hizo llegar a mi primer orgasmo.

Luego de un rato Eduardo le dejo el lugar a Leonardo y este a otro, y así uno a uno pasaron todos por el culito de mi novia.



De repente mi jefe la levantó de los pelos y la sentó sobre sus piernas de frente a él, la besaba en la boca y mientras la manoseaba toda le dijo:



- Ahora va a parar el culito para mi que es mi turno.



- No, eso no, la va a lastimar, dije yo.



- Dígale señora las ganas que tiene de tener este pedazo en su colita, dijo mi jefe.



- ¿No me va a doler?, le pregunto a mi jefe.



- Un poquito al principio pero después le va a encantar, se lo prometo, le contestó.



- Dejame probarla mi amor, nunca tuve algo así en mi colita y la verdad es que me muero de ganas que tu jefe me la rompa toda, me pidió.



- Arrodíllece y abra bien su culito, le ordenó.



A lo que Marcela le hizo caso inmediatamente. Todos los demás, incluso yo, hacíamos un circulo alrededor de ella, esperando ver como iba a entrar tremendo miembro en su culo.

Mi jefe se arrodillo atrás y le golpeaba la cola con la pija mientras le decía: - Pídame que le rompa el culito señora, a lo que Marcela le contestaba con voz de relajada: - Por favor señor destróceme la cola. Este dialogo los había puesto a todos a mil. Mis compañeros se masturbaban freneticamente.



- Antes quiero ver como se chupa una pija y se traga toda la lechita, continuó mi jefe.



Marcela levantó la cabeza y le manoteó el pedazo a Leonardo, que era el que tenía mas cerca, lo hizo agachar y se la metió en la boca. No aguanto mucho, enseguida la lleno de semen, que mi novia muy obediente tragó hasta la ultima gota.



- Muy bien señora, ahora va a gozar como nunca, le dijo. Apartó los cachetes con las manos y le comenzó a introducir la cabeza. Ella solo gemía y pedía mas.



- ¿La quiere toda adentro?



- Si, por favor, contestó, a lo que mi jefe embistió hasta que le pegaron los testículos en el culo.



- Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh siiiiiiiiiiiiiiiiiii, fue el grito de Marcela.



No podía creer que la pija de mi jefe había desaparecido en el culito de mi novia. De pronto mi jefe comenzó a bombearle, primero despacio, después le daba con todo. Marcela se arqueaba del placer que le causaba tener terrible pedazo de carne adentro.

La escena era tan caliente que muchos de mis compañeros no aguantaron más y acabaron sobre la espalda de mi novia.

Mi jefe estuvo cabalgando como diez minutos, tiempo en que Marcela por lo menos tuvo 5 orgasmos.



- Mire como le lleno el culo de leche a su señora, me dijo mi jefe, mientras le acababa adentro.

De pronto la saco y ella se dio vuelta y se la limpio toda con la lengua. La seguía mirando y tocando con deseo, como si se hubiera quedado con ganas.



Todos se cambiaron y se despidieron de mi novia con un beso en la boca; Ella seguía desnuda y chorriando semen por el culo. Mi jefe le agarro el culo con las dos manos mientras le metía un beso de lengua y dirigiéndose a mi me dijo:



- Me parece que su señora se quedó con ganas, así que, si no le molesta, pronto vuelvo a comerle la colita nuevamente.



- Ojalá sea pronto, respondió mi novia, acariciandole el bulto.



Yo me quede pensando como iba a regresar al trabajo.

Yo en la mueblería




Hola amigos. Perdonen que hace rato que no les escribo, pero por razones que ustedes se deben imaginar, despues de lo que paso en mi edificio con mi novia nos tuvimos que mudar a otro departamento. Ya todo el mundo se había enterado de la adicción de ella y para mi era muy avergonzante que me pararan por la calle y se ofrecieran para comerle la cola a Marcela. Además Rubén cada vez que la veía se descontrolaba y le manoseaba el culo estuviese donde estuviese y delante de cualquier desconocido sin que ella pudiera hacer nada para impedirlo.

El límite llegó cuando un día que regresaba del trabajo la encontré a mi novia en la casilla de seguridad del edificio apoyada de frente contra una pared y Rubén a su lado levantandole la pollera y exhibiendole la cola a por lo menos 6 o 7 tipos que yo ni conocía. Todos aplaudían y decían barbaridades mientras Ruben le metía mano desesperadamente y Marcela, que cada vez estaba mas atorranta, se dejaba hacer sin decir nada.



- Ahí llega el cornudo del marido, dijo Ruben apenas me vio entrar.



Se hizo un gran silencio, ella me miró, quiso bajarse la pollera, pero Rubén se lo impidio. Todo giraron para mirarme, mientras Ruben continuó:



- Quedese así señora, muestrele a su marido lo puta que es, sabiendo que lo que estaba diciendo la ponía a mil.



Mientras todos reian, la tome de un brazo a Marcela, la saque de ahí y subimos a nuestro departamento, donde en medio de una discusión le hice prometer que nunca más haría exhibiciones si yo no la autorizaba o si no estaba presente. Ella estaba muy acongojada y me confesó que cada vez se sentía con mas ganas de mostrar la cola y que no podía evitar excitarse tan solo con escuchar alguna propuesta o saber que alguien estaba con ganas de tocarsela y comersela.

Luego de charlar un largo rato coincidimos que esto no podía continuar así . Yo le reconocí que me calienta verla mostrar su colita, pero ya todo se había descontrolado y que había que darle un corte.

Fue ahí donde decidimos mudarnos y cambiar de vida. Ella prometió controlarse ante cualquier insinuación y yo prometí no pedirle más que se exhiba en público.

Fue así que pasaron estos meses entretenidos buscando nueva vivienda y una vez que la encotramos, decorándola y amoblandola.

Teníamos relaciones sexuales "normales" y tratábamos los dos de evitar mencionar algo de lo que habíamos vivido en el pasado. De cualquier forma yo estaba seguro que Marcela recordaba muy bien todo y lo notaba porque en medio de la relación cerraba los ojos y metiedose un dedo en el culito acababa como tres veces seguidas. Yo tampoco puedo negar que estando solo me venían a la cabeza las escenas de mi novia cojiendo con gente extraña, por lo que me terminaba haciendo flor de paja.

Una tarde decidimos ir a una mueblería que nos había recomendado una amiga de Marcela, ya que habíamos planeado cambiar los muebles del dormitorio, especialmente la cama, que por ser bastante vieja, hacia ruido apenas nos moviamos en ella. Cuando llegamos nos recibio un muchacho de unos 30 años:



- Buenas Tardes, me llamo Carlos, en que puedo servirles, preguntó amablemente.



- Buenas tardes, nos aconsejó este lugar una amiga de ella, respondi señalando a Marcela.



- Hola, nos recomendaron que hablaramos con un tal Pedro, dijo ella.



- Es mi padre, contestó él, adelante por favor. Pasó primero Marcela y ahí note como se le iban los ojos directamente a su cola, que dicho sea de paso estaba bien marcadita en esos pantalones de tela finita que tenía puestos.

Nos hizo pasar a una oficina y detrás de un escritorio estaba un señor de mas o menos 65 años que enseguida Carlos nos presento como su padre.



- Buenas tardes señor, nos envía mi amiga Cecilia para que nos ayude a elegir una buena cama, dijo Marcela.



- Ah si, Cecilia me llamó y me dijo que tu vendrías, respondió Pedro, lo que no me dijo es que vendrías con tu marido, continuó.



No entendí porque había dicho eso, pero no le di mayor importancia.



- Vengan pasemos a la parte de atrás que está la fábrica así les enseñaré los modelos de camas que tengo, prosiguió.



Apenas Marcela se paró el viejo le clavó la mirada descaradamente en su culo y siguió admirandolo mientras iba caminando detrás de ella, sin importarle si yo me daba cuenta o no.

Eso me dio un poco de bronca, pero no puedo negar que también me calentó bastante.

Traspasamos una puerta y entramos a un galpon enorme con pedazos de madera y aserrín por todos lados. Había por lo menos 10 obreros trabajando, que a medida que Marcela pasaba por delante de ellos la iban desnudando con los ojos. En ese momento me dí cuenta que esto no había pasado desapercibido para ella ya que note que sacaba la cola más para afuera y la movía muy sensualmente.

Me empece a preocupar cuando se dio vuelta para mirarme y vi en su expresión que ya estaba recaliente. Pensé tomarla de un brazo y regresar otro día, pero la excitación que me producía verla como se mostraba pudo más y no pude mover un músculo.



- Aquí estan los modelos de cama que fabricamos, dijo el viejo, están todas con colchones para que las pruebes, continuó, dirigiendose a Marcela.



- No hace falta, mirándolas nos damos cuenta, dije yo.



- No le creas a tu marido nena, lo mejor es que la pruebes así sabrás cual es la mas cómoda, se dirigió a Marcela, ignorándome por completo.



- Tirate en ésta, a ver como la sentís, continuó, señalando un cama de 2 plazas y media.



Marcela que hasta ahora no había dicho palabra me miró y me dijo con voz entrecortada por la calentura que tenía:



- Mi amor, ¿me puedo acostar en la cama del señor?



Yo quede mudo. Lo mire al viejo que sonreía y vi como todos los obreros dejaron de hacer lo que estaban haciendo y miraban atentamente la escena.

Al no recibir respuesta mía, Marcela se dejó caer en la cama boca abajo con el culito bien paradito.



- Y, ¿que te parece nena?, preguntó el viejo.



- Mucha cuenta no me doy, contestó Marcela.



- Movete un poco, levanta un poco mas la cola y bajala, para ver como se siente de dura, indicó el viejo.

A esta altura ya se le notaba un bulto en el pantalon al viejo y los carpinteros ya se habían acercado bastante formando un circulo alrededor de la cama. Yo estaba inmovil, miraba todo y en lo único que pensaba era en sacar la verga del pantalón porque de lo parada que la tenía me estaba matando.



- ¿Le parece bien así señor?, preguntó Marcela, mientras levantaba el culito y se dejaba caer.



- Asi está bárbaro nena, respondió el viejo, tratandose de acomodar la verga en el pantalón.



- Igual mucha cuenta no me doy, dijo Marcela.



- ¿Nena vos dormís con pijama? Pregunto el viejo.



- No porqué



- ¿Y como dormís?



- En bombachita.



- Por eso no te das cuenta si el colchón es comodo. Te recomendaría que te saques el pantaloncito para probarlo.



- No es necesario, dije yo, tratando de mostrar una autoridad que ya había perdido hace rato.

Ya los obreros se habían acercado más y estaban a menos de un metro de mi novia.



- Señor, yo le aconsejaría que se siente en esa silla y espere allí mientras le hacemos probar la cama a su mujer, me dijo el viejo.



Lo cual obedecí, un poco porque con su mirada Marcela me lo estaba pidiendo y otro porque de la calentura que tenía ya no podía mantenerme en pie.



- Haber nena mostranos como dormís, le pidió el viejo.



Entonces Marcela se desabrocho los botones del pantalon y se los sacó, dejando al descubierto una disminuta bombachita blanca metida casi por completo en su precioso culito.



Se acostó culito para arriba y mirándolo al viejo le preguntó ¿así esta mejor señor?



- Si nena, ahora debes estar bien caliente mostrandonos el culito. Tu amiga me contó que te encanta mostrarlo y yo estaba impaciente en verlo. Veo que a tu marido no le molesta, asi que abrilo bien para nosotros.



Entonces Marcela se puso en cuatro, levantó bien la colita y la puso a merced de quien quisiera mirarla. Mientras el viejo y los empleados se bajaron los pantalones y dejaron ver tremendos miembros totalmente erectos. Esto puso como loca a Marcela que comenzó a meterse un dedo en la concha y a gemir desesperadamente. Se notaba que se había reprimido por mucho tiempo y que ahora estaba más desenfrenada que nunca.



- ¿Tenés ganas que te rompamos la colita nena?, dijo el viejo



- Por favor, chupemela señor, suplicaba Marcela mientras se corria la tanga hacia un costado exhibiendo su oyito abierto.



El viejo no se hizo desear y rapidamente dirigio su lengua al precioso agujerito, mientras los otros comenzaron a meterle mano por todos lados y uno de ellos le ensarto la pija en la boca, la cual mi novia acepto gustosa y comenzó a mamarsela en forma frenética hasta que el tipo no aguantó más y le lleno la boca de leche. Mientras tanto se turnaban con el culo, salia uno y se lo chupaba otro, le sacaban la boca y le insertaban primero uno, después dos y hasta tres dedos. La manoseaban por todos lados. Le sacaron la remera y le chupaban los pechos. Ella solo gemía y pedía mas pijas.

Yo solo miraba como once tipos disfrutaban de la puta de mi novia y me masturbaba y acababa y volvía otra vez a masturbarme.



- Salgan todos, ordenó el viejo de pronto. Cambiense y sigan trabajando que para ustedes se acabó la fiesta.



- No me deje asi señor, por favor necesito una pija en mi colita, le decía Marcela mientras lo miraba con cara de desesperación.



- Si haces lo que te digo, la vas a tener.



- ¿Te gustó mi hijo no?, vi como lo mirabas cuando entraste. Bueno ahora te vas a cambiar, lo vas a ir a buscar al salón de venta, lo vas a traer para acá y adelante mio y de tu marido le vas a pedir que te rompa la colita.



Marcela se levanto, se limpió con una toalla que le acercó el viejo, se vistió y salió caminando hacia la parte de adelante. El viejo me miró y me ordenó que me subiera el pantalón y que hiciera como que nada había pasado.

- Va a ver como le va a calentar que su mujer de la nada le pida a un tipo que le rompa el culo, me dijo.



La idea me había gustado asi que le hice caso.

Me paré junto a el viejo y el hacía como que me explicaba las ventajas de la cama, cuando llego Marcela con el hijo.



- ¿Que necesitás papá?, preguntó



- La señora necesita que le hagas un favor, contestó.



- Usted dirá señora



- Decile nena, ordenó el viejo.



- Quiero que me rompas la colita delante de mi marido y de tu papá, dijo Marcela, mientras se bajaba el pantalón y le mostraba el culito desnudito.



- Vi como me lo mirabas cuando me conociste. Vos me calentas mucho y yo necesito una pija adentro, asi que por favor rompemelo, agregó.



El muchacho no entendía nada. Me miraba a mí y lo miraba al viejo mientras tocaba con vergüenza la cola de mi novia.



El padre le ordenó que se desnudara y Marcela hizo lo propio y se tendió en el colchon. El pibe se acostó a un costado y comenzaron a besarse y tocarse por todos lados. El viejo volvió a sacarse los pantalones y yo hice lo mismo. Mirabamos la escena parados al costado.

- Que puta es su mujer, mire como le gusta la pija de mi hijo, me decía el viejo. Tenía razón Marcela se la tragaba con todas las ganas, y el viejo cada tanto le metía un dedo en el culo enloqueciendola cada vez más.

- Mire como se traga el dedo, que buen culo abierto, seguiá diciendome el viejo.



- Vení nena, chupamela a mi, mientra mi hijo te abre mas ese culito.

Automaticamente Marcela se incorporó, se puso en cuatro, paro la colita y se metió la pija del viejo en la boca, mientras el hijo se puso detrás y la ensartó hasta el fondo. No les puedo explicar como gritaba y se movía. Estaba que reventaba de la calentura. Pedía más y más. El viejo la insultaba, le decia puta, perra, culo abierto y ella se ponía mas a full. Estuvieron asi largo rato, donde ella habrá acabado por lo menos 5 veces, hasta que el hijo le lleno todo el culo de leche y al segundo el viejo le hizo tragar toda su esperma.



Marcela quedo tendida en la cama reventada.



Yo supe a partir de ahí que mi novia no iba a cambiar más.